Reproducimos la entrevista realizada por Xuasús González a Juan José Omella, presidenta de la Conferencia Episcopal Española y Cardenal de Barcelona.
Conversamos con el cardenal Juan José Omella, presidente
de la Conferencia Episcopal Española
Recién finalizada la
atípica Semana Santa de 2021 en la que, por segundo año consecutivo, la
covid-19 ha impedido sacar nuestras procesiones a la calle –y con la esperanza
de que haya sido el último en estas circunstancias–, no podemos por menos que
echar la vista atrás y remontarnos hasta aquel sábado de la II semana de
Cuaresma de 2020, 14 de marzo, cuando se declaraba el estado de alarma en toda
España –el día antes se habían suspendido ya en León todos los actos públicos,
procesiones incluidas–, que tanto ha cambiado nuestras vidas a todos los
niveles. También en lo cofrade. Y lo hacemos de la mano del cardenal Juan José
Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal
Española –elegido apenas unos días antes, el 3 de marzo–, que ha tenido la
amabilidad de responder a la llamada de LNC Cofrade.
«Eran días de muchísima
incertidumbre, incluso de miedo», recuerda el cardenal. Y ante esa situación,
desde la Conferencia Episcopal –y desde las diócesis– se pusieron «a trabajar
para que nadie quedara atrás, pues se avecinaban tiempos difíciles», potenciando
la atención espiritual, celebrando eucaristías por los difuntos o incrementando
esfuerzos para atender al gran número de personas que se acercaba a las
distintas Cáritas diocesanas en busca de ayuda.
La tecnología –en especial
las redes sociales– resultó, en general, de gran utilidad para sobrellevar
mejor el confinamiento. Juan José Omella valora positivamente las oportunidades
que ofrece, caso, por ejemplo, de «la retransmisión de las eucaristías que han
podido ser seguidas de forma fácil y segura, incluso en los meses más duros de
la pandemia, por todos los fieles que lo han deseado». Pero, por otra parte, no
entiende la Iglesia «sin la cercanía entre las personas, sin la comunidad» y
afirma que «necesitamos estar próximos a aquellos con los que compartimos
nuestra fe para sentirnos parte del engranaje de la solidaridad, de fe, de amor
al prójimo».
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Msn. Omella en una visita pastoral a Sant Pau de Mataró. |
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Msn. Omella a la Capella dels Dolors. |
La Semana Santa es la más importante del año litúrgico y, es comprensible el desánimo «entre los cofrades al no poder salir a la calle en procesión», pero la voluntad de la Conferencia Episcopal ha sido siempre «sumar y trabajar, codo con codo, con las administraciones públicas para acabar, cuando antes, con esta grave situación sanitaria que aún a día de hoy estamos padeciendo», afirma el cardenal.
Este ha sido «el segundo año que no hemos podido vivir ni celebrar como hubiéramos querido este momento tan especial de nuestro calendario litúrgico pero, afortunadamente, en esta ocasión sí que hemos podido participar presencialmente en los oficios litúrgicos» y otros actos, atendiendo a las medidas de seguridad establecidas. Y, además, las redes sociales han facilitado que pudieran ser seguidos por muchas más personas desde sus hogares.
El presidente de la Conferencia Episcopal considera que «el papel de los cofrades es fundamental, como laicos comprometidos, para la vida de las diócesis. Son portadores de la Palabra y del Evangelio. Y son también quienes llevan a Cristo y a nuestra Madre Santa María a nuestras plazas y calles». Y añade: «El cofrade está llamado a llevar el amor de Dios a todas las personas con las que se encuentre y a todos los lugares que visite; ha de ser portador de Cristo y de la Virgen María, no solo en Semana Santa, sino durante toda su vida».
El cardenal sostiene que «hoy más que nunca, es importante apostar por unas cofradías abiertas a la sociedad y a sus necesidades. Estamos sedientos de referentes de fe y fraternidad, y las cofradías representan una buena fuente de inspiración». Y las anima, «a la luz del evangelio, a seguir aportando su granito de arena para hacer llegar el mensaje de Jesús a todos los rincones de la sociedad, especialmente a través de la fraternidad y la caridad».
Juan José Omella concluye
con unas palabras de agradecimiento a todos los cofrades: «Gracias por seguir
ahí y no perder la fe, por ser portadores del evangelio en tiempos difíciles, por
formar parte de la Iglesia, por ser testigos de fraternidad». Y se despide con
un mensaje a propósito del próximo Encuentro Nacional de Cofradías que se ha de
celebrar en León: «Deseo, de todo corazón, que sea un espacio de gran comunión
y fraternidad donde el Espíritu Santo pueda actuar. Rezaré para que así sea. Y
que sirva de punto de partida para poner las bases del renacer de las cofradías
y de las hermandades. Esta pandemia nos ha enseñado que somos frágiles, muy
frágiles; pero también que, unidos, y con una fe bien arraigada, es todo mucho
más fácil».
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